Es un procedimiento médico que permite observar el interior del tracto digestivo utilizando un tubo flexible con cámara, conocido como endoscopio, para diagnosticar enfermedades como úlceras, gastritis o cáncer.
Se recomienda cuando hay síntomas como dolor abdominal persistente, dificultad para tragar, vómitos con sangre, o sangrado en las heces, para diagnosticar problemas en el esófago, estómago o duodeno.
El procedimiento no es doloroso, pero puede generar incomodidad. Generalmente, se realiza con sedación o anestesia local para que el paciente esté relajado y no sienta dolor.
El procedimiento suele durar entre 10 y 20 minutos. La preparación previa y la recuperación después de la sedación pueden llevar un poco más de tiempo.
Es importante evitar comer o beber hasta que los efectos de la sedación desaparezcan. También se recomienda descansar el día del procedimiento y evitar actividades que requieran concentración durante las siguientes 24 horas.
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